lunes, 19 de agosto de 2013

El confuso y el difuso

A pesar de haber dormido en su propia nube, en los brazos suaves, cálidos y renovadores, y de haber despertado para entregarse a ella y a todo nuevamente, el confuso quiere seguir durmiendo, no es que quiera, algo dentro de sí sigue tratando de obligarlo.
Toma el desayuno, lee, se entrega a la fantasía ya que no hay otra piel que lo distraiga. Pasan las horas, pasa el día, toma el almuerzo y se sienta a contemplar las bases de su futuro. Pero no se concentra. Quiere todo al tiempo. Ser el mejor, ser el que sabe más, y ser el que disfruta más.
Quiere ver, sentir, vivir más. Quiere saber el principio y el fin de todo. Tiene una buena opción, tonelada de lecturas y fanegadas de libertad, pero hay algo más que se le escapa. No sabe muy bien que es. Cree que aquello está afuera en el mundo pero se inclina a pensar que está fuera de este mundo. Entonces no puede más, el sueño le gana. Cierra los libros, cierra las sabanas, cierra los ojos y cierra el mundo. Abre los ojos, abre las sabanas, abre los libros, pero abre otro mundo. Mira, oye, huele, siente cosas que no comparte con su cuerpo. Cosas muy usuales en una realidad como aquella, inusuales para su otra realidad. Habla consigo mismo. Pero él es otro. Se mira desde ojos ajenos. Conversa consigo mismo desde otra perspectiva. Ese otro yo que ahora posee tiene cosas que hacer. Cosas importantes. No sabe qué. Es como si en ese momento fuera un personaje extra del libro de su real subconsciente. Un personaje mal trabajado, o un loco. Sabe que tiene un pasado, seguramente tiene un presente, probablemente tiene un futuro. Pero su pasado es borroso, su presente solo está representado por el aquí y el ahora, no hay más lugar, y su futuro es despertar.

El ser difuso le pregunta al confuso: “¿qué hora es? A lo que el confuso responde: “son las 5 y 48”. “Tengo que irme” responde el otro, “tenemos que despertar, hay cosas que hacer”. El confuso trata de detenerlo. Le grita, solo con su pensamiento. Pero ya es tarde. Ya está despierto. Se sienta en la cama, levanta su teléfono y mira la hora. Son las 5 y 48.

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