miércoles, 7 de agosto de 2013
A quien recuerda la otra vida... los sueños (I parte)
Un día la llamé y le dije:
hoy vamos a soñar juntos, ¿te parece?.
- Pero ¿cómo?
- No lo sé, solo nos podemos poner de acuerdo a la hora en la que nos dormiremos. Tú ya me has contando que has logrado verte durmiendo, ¿te acuerdas cuando me contaste que alguien golpeó a la puerta, tú te asomaste por la ventana y viste que era alguien, regresaste a la cama para ponerte las pantuflas y te viste a ti misma profundamente durmiendo con la misma ropa que llevabas puesta?
- Sí, tenía la camisa blanca que me quedaba grande, y me quedé mirando como respiraba profundamente, me veía tan hermosa (risas) y luego me desperté y vi que estaba en la misma posición en la que me había visto en el sueño. No quiero repetirlo, fue algo horrible y me dio mucho miedo!
- Tonterías, el miedo es un enemigo que hay que enfrentar! Intentémoslo. ¿A qué horas sueles acostarte?
- No lo sé... a la media noche supongo.
- Okey, que sea a esa hora. Me contarás que viste…
-Pero… y sí…
- Nada, no nos va a pasar nada, confía en ti y confía en mí
- Esta bien, ya te contaré y ya me contarás… un besito y que sueñes conmigo (risas)
- Un besito y dulces sueños… (risas).
En efecto, amaneció. Ella me llamó.
Cuéntame qué soñaste- Me preguntó.
Soñé que estaba en tu casa, en la sala, vi a tu mamá y a tu hermana sobre el sofá amarillo, les pregunté por ti y me dijeron que estabas en el cuarto.
Asomé la cabeza y no estabas. Ahhh y también soñé con mi cuarto, sobre las paredes blancas estábamos nosotros como en ese vídeo en blanco y negro que grabamos haciendo muecas, ¿Te acuerdas?
- (Risas) sí, sí claro mocoso. Bueno, mi sueño fue genial, soñé que subía por las escaleras de tu casa, entré a tu cuarto, estaba esa puerta de madera corrediza… vi todas las cosas sobre tu mesita de noche, las fotos tuyas, el cuadro de bambú, la botella que encontraste en el mar, la del pergamino adentro! Pero tú no estabas ahí… no te encontré. Pero luego, luego… no sé qué pasó, no me puedo acordar… simplemente ahí estabas… me abrazaste y tenías ese olor... el olor a esa colonia tan deliciosa, la que siempre te echas… y ahí me desperté, y me asusté mucho, no por el sueño sino porque seguía sintiendo el olor de tu colonia impregnado sobre mi pecho y mi hombro izquierdo. Pensé que me había vuelto loca, ¿lo ves? esto puedo ser peligroso. Entonces entró mi mamá al cuarto y me regañó, se me acercó y me dijo que por qué olía yo a hombre, que si estaba ocultando a algún novio debajo de la cama, y se agachó a ver si había alguien debajo de mi cama
- (Risas)¿Y qué le dijiste?
- La verdad, que no había nadie. Le conté qué había soñado contigo y que el aroma era el mismo de tu colonia, mi mamá me dijo que no era posible porque tú estabas en otra ciudad
- ¿Estás segura que era el mismo olor?
- Claro que sí, me acuerdo muy bien.
- Qué extraño y que excitante… ¿sabes? Antes de dormir tengo una rara costumbre, y es que siempre me echo esa colonia en el cuello.
secaleda
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